domingo, 15 de febrero de 2009

Entre la demagogia y el vudú académico

La demagogia, término de origen griego y de connotación negativa, que es la práctica política consistente en ganarse el favor popular con halagos a los sentimientos elementales del pueblo, se ha apoderado del ámbito universitario de forma sigilosa. La demagogia académica pretende seducirnos con cantos de sirena, pero éstos son esténtores al oído educado por la rigurosidad y la disciplina.

Por ejemplo, usted puede encontrar los prontuarios oficiales de los cursos universitario repletos de objetivos pedagógicos grandilocuentes sobre las competencias que tendrá el estudiante luego de aprobar el mismo. ¿Quién puede, en las 45 horas lectivas (réstele 5 horas dedicadas al aspecto de evaluación del estudiante) de un curso de 3 créditos, como profesor responsable, discutir a profundidad 60 temas de una materia y lograr aprendizaje en sus estudiantes?

Pero las pretensiones no se quedan ahí, los promotores de la educación a distancia siempre presentan la grandes ventajas que tiene la misma, pero nunca mencionan, ni por honradez intelectual, sus limitaciones cuando muchos de sus cursos están plagados de contenidos de dudosa calidad académica. Tampoco hablan de la capacidad sine qua non que se necesita por parte del estudiante para que sea exitoso en este tipo de educación, la autodidaxia, la que, como la mayoría de nosotros sabemos, muy pocos estudiantes de bachillerato poseen. Los promotores de la educación a distancia, en ocasiones, llegan al colmo de argumentar que con meramente distribuir algunos materiales de un curso presencial a través de la Internet los estudiantes mejorarán su aprendizaje (creo que, en muchas instancias, no tienen una ponderación adecuada de su afirmación). Obviamente este último argumento raya en lo que podríamos llamar vudú académico, mágicamente los estudiantes aprenden porque los materiales están en la Web.

En el contexto organizacional, y por combustión espontánea, surgen seudo universidades con licencia y acreditación gubernamental para ofrecer cursos graduados en la esquina de cualquier pueblo. Y, con una desfachatez inconmensurable, anuncian el milagro de que se puede terminar un grado universitario en menos de dos años sin mucho trabajo y complicación. ¿Cuál es la universidad de prestigio académico (el cual, sin duda, está basado en la calidad su facultad), que no requiere esfuerzo y sacrificio continuo del estudiante para que éste sea exitoso?

El que entienda que la calidad académica no es negociable no puede quedarse impávido y tiene la responsabilidad de aplicar la disciplina basada en el conocimiento riguroso contra la demagogia y el vudú.