miércoles, 2 de septiembre de 2009

Una vida curtida por la tragedia

La noticia recorrió el planeta, el menor de los Kennedy murió luego de que un cáncer devorara su fructífero cerebro legislativo. Aunque nace en una familia de vida aristocrática, que poco a poco se convirtió en la familia real de la política de los Estados Unidos, su vida fue curtida por la tragedia desde su adolescencia con la muerte de su hermano mayor y de una de sus hermanas en la Segunda Guerra Mundial.

En el año 1962 el mundo político le sonreía plenamente, pero no le duró mucho la alegría, pues, la mueca de la tragedia se apoderó de su rostro en el 63 con el asesinato de John. La muerte lo visitó en el 1964, cuando el aeroplano donde viajaba para la convención demócrata se estrelló, salvándose, como dijeron sus médicos, por un milagro; y consiguió su reelección desde su cama en el hospital. A los 36 años, y ante los restos de Robert, ya era el patriarca de la familia y se convierte en el padre espiritual de todos sus sobrinos, el que los acompaña al altar del matrimonio o de la muerte.

Sus aspiraciones presidenciales se ahogaron para siempre en las aguas de la isla de Chappaquiddick una noche de verano en el 69, pues el espíritu del cuerpo abandonado de Mary Jo Kopechne siempre estuvo ahí para interponerse. En la convención demócrata del 1980, cuando concede la candidatura presidencial del partido Demócrata a Jimmy Carter, pasa de la mimesis a la catarsis —como planteó Aristóteles en su Poética—, y, al verse como espectador de esa contienda dejó atrás la aspiración de la tradición familiar, ser presidente, y comienza a ser el gran senador Kennedy, el conciliador.

En la declaración oficial de su familia quedó clara su dimensión. “Hemos perdido el centro insustituible de la familia y la luz del regocijo en nuestras vidas, pero la inspiración de su fe, optimismo y perseverancia vivirá en nuestros corazones para siempre.” Descanse en paz el más combativo de los Kennedy.

Apretado resumen noticioso de la vida de Edward Kennedy.