La calidad y los valores de un pueblo no son representados por el artista que más se menciona en la semana, ya sea por sus ejecutorias o por sus desaciertos emocionales, que venden noticia de forma altisonante. Ésta se encuentra en el hombre de la calle que lucha por su subsistencia recurriendo a las labores más sencillas de nuestro diario vivir. Todos sabemos que la cosa no está fácil que la recesión económica ya es galopante y sin solución previsible. Aunque todos los días muchos políticos nos quieren consolar diciéndonos que en el año tal o más cual comenzaremos a ver una mejoría en nuestra situación económica.
¿Qué alternativas deja esta perspectiva a la gente humilde de la calle?; muy pocas pensaríamos lógicamente: el robo, el escalamiento y la ratería callejera. Sí, muchos tomarán ese camino y la calidad de vida disminuirá afectando nuestro comportamiento social. Pero no todos toman el camino fácil de la delincuencia ante la realidad asfixiante, otros, y creo que son los más, se esfuerzan en trabajar día tras día para tratar de vivir con decencia y sin aspavientos.
La amiga de mi hija extravió en el viejo San Juan su cartera con algo de dinero, un celular y un ipod, ¿qué probabilidad tendríamos en recuperar sus pertinencias si descubrimos su pérdida cuando estamos en Bayamón? Muy poca verdad. Pero no fue así, el vendedor de mantecados del viejo San Juan que la encontró le contó a la vendedora de flores de la plaza lo que le pasó y la guardó mientras seguía en su lucha diaria tratando de subsistir un poco gracias a la venta esporádica del día. No le interesaba siquiera que el equipo electrónico perdido tenía más valor que toda la venta de ese día, pues tenía claro que no era suyo y su afán estaba en la labor de hacer las ventas del día. Cuando mi hija y su amiga lo localizan les dijo que cotejarán que no faltaba nada con suma certeza; y así siguió en su perseverancia por ser honesto a pesar de la recesión.