Recuerdo que un comentarista deportivo utilizaba esa frase cuando un baloncestista realizaba una jugada sorprendente y luego, en la próxima jugada, cometía un error imperdonable. El pueblo de Puerto Rico se ha movido, ante la opinión mundial, desde el sublime nombramiento al Tribunal Supremo de los Estados Unidos de la Jueza Sonia Sotomayor al ridículo (más bien burdo) comentario de René Calle 13 sobre el Gobernador del País. Y no perdamos de vista que, entre medio de esos dos eventos, hemos vivido en un constante absurdo social.
Por un lado, el ejecutivo tomando decisiones a ciegas sobre el futuro de 17,000 empleados debido, en parte, a la ausencia de un sistema de información de recursos humanos eficiente en sus agencias gubernamentales. Incumpliendo promesas electorales que ahora suenan electoralistas. Una legislatura dividida entre los asustados y los aprovechados del río revuelto de la inestabilidad social y de los reclamos de la autoproclamada sociedad civil. Sociedad que llama a un paro a favor del empleo de los despedidos y se interpone al trabajo de los otros miembros de la sociedad, la no militar ni eclesiástica.
Los discursos de tono altisonante “la calle será nuestro campo de batalla”; “declaramos un estado de insurrección pacífica del pueblo”, no encajan con el alzacuello sacerdotal que es para dar testimonio de una vida diferente y consagrada a Dios, además, de ser signo de caridad pastoral para el bien de las almas. Es más, se desaprovecho una oportunidad única para pronunciar un discurso de profundidad humana y de trascendencia histórica como el pronunciado por Luther King en el 1963, "Yo tengo un sueño".
Entendámoslo el gobierno dejó de ser papá, como lo planteó Lázaro Barredo en El Granma, “miramos críticamente al paternalismo, fenómeno arraigado hasta los tuétanos en la mayoría de las personas, un vicio que no nos deja avanzar y entorpece la claridad sobre las decisiones que debemos tomar entre todos.” El gobierno no puede ser un ente en crecimiento continuo ante un modelo económico en agotamiento, vayamos, entonces, de lo ridículo a lo sublime.
Vídeo de la marcha del 15 de octubre 2009 en San Juan.