El concepto de civilización nos llega con la ilustración en el siglo XVIII como una nueva forma de vida racional. El concepto se enmarcó posteriormente dentro del concepto histórico de que el progreso humano tiende a elevar su nivel gracias al desarrollo del saber. En el 1812 apareció por primera vez definida la palabra civilizar en el diccionario de la Real Academia Española y establece que es hacer culto y sociable, en la actualidad su segunda acepción es mejorar la formación y comportamiento de personas o grupos sociales.
¿Y a qué viene todo esto? Pues a tratar de entender lo que leemos cada día cuando abrimos el periódico. Sí, la incivilidad galopante. ¿Qué clase de persona persigue y mata a una mujer por un reclamo de ésta a otra mujer en la fila del baño? ¿Cómo es eso de que un individuo matas a su hermana y dos de sus sobrinos, por más bribones que fueran, y luego se suicida en plena calle? Personal de vivienda acompañados por agentes de la policía, en el proceso de determinar la cantidad de apartamentos invadidos, son recibidos por un maleante con un arma de fuego en mano —para que entendieran como fue que ocupó el apartamento—, comenzó a disparar contra los funcionarios y le costó la vida. Obviamente no saben vivir en sociedad, son incivilizados.
¿Y qué podemos hacer como País para lidiar con esta enfermedad social? ¿Más policías, mano dura contra el crimen, limitación de la fianza y el colmo la pena de muerte? No, pues sabemos que a la larga la incivilidad perdura en el sustrato. En el libro The Death Penalty: A World-wide Perspective, publicado en el 2002, se plantea que la pena de muerte no tiene un mayor poder disuasivo que la cadena perpetua en los índices de homicidios. Así que por ahí no es el camino.
Tenemos que volver a educar para valorar la ética del trabajo y el esfuerzo continuo por el mejoramiento personal y profesional. Enseñar a tolerar, en el sentido de respetar ideas diferentes, y así comenzara a rescatar la civilidad perdida.