Los teóricos de la computación y su interacción con el ser humano han diferenciado claramente los términos siguientes: dato, información, conocimiento y sabiduría. Mike Cooley los hilvanó acertadamente en su libro Architect or Bee? The human/technology relationship. “Los datos, organizados y empleados debidamente, pueden convertirse en información. La información, absorbida, comprendida y aplicada por las personas, puede convertirse en conocimientos. Los conocimientos aplicados frecuentemente en un campo pueden convertirse en sabiduría, y la sabiduría es la base de la acción positiva.”
La historia de nuestros gobiernos en la recopilación y manejo de los datos referentes a sus funciones o las del quehacer general del País ha sido muy pobre. Pues no se ha tenido una política clara sobre los estándares que los datos deben cumplir en sus diferentes contextos y mucho menos en su disponibilidad para el ciudadano de a pie. El proponer, como proyecto de partida, un banco central de datos de fácil acceso a través de la Web parece una utopía ante la mentalidad secretista que ha pululado entre nuestros gobernantes. Pero pensar que con su realización hemos resulto nuestros problemas de información y conocimiento sobre cómo nuestro gobierno cumple con sus funciones ineludibles es ingenuo.
La organización y el empleo debido de los datos para convertirlos en información no debe ser una tarea privativa del gobierno, las universidades del País pueden y deben aportar grandemente a esa transformación, es más, esa tarea debería ser parte de su misión. Si seguimos lo hilvanado por Cooley tenemos (el gobierno, las universidades, otras organizaciones sociales y el ciudadano particular) que absorber, comprender y aplicar la información en nuestro campo de acción. Este cultivo del conocimiento debe promover la sabiduría entre los diferentes estamentos sociales, lo que llevaría a una nueva dimensión la participación ciudadana. Así la acción positiva recíproca, entre el gobierno y sus constituyentes, dejaría de ser una esperanza para comenzar a convertirse en una cultura de gobernabilidad, pues la relación asimétrica en la información comenzaría a equilibrarse.
1 comentario:
Tremenda la palabrita "hilvanado", tiene un significado considerablemente complejo.
Aunque no coincido con el hecho de que la recompilacion de datos ha sido pobre, ya que en principio los datos son siempre recojidos de una forma u otra, el manejo de los mismos siembre ha sido el talon de Aquiles de nuestros gobiernos por las inseguridades de los individuos que lo componen que no permiten que los talentos o los intelectos los puedan obtener, ya que los consideran una espada de Damocles, aunque no tienen ni idea exacta de por que o por cuanto.
Un ejemplo particular es el censo que se realiza cada decada. El mismo produce una cantidad considerable de datos y un conjunto limitado de informacion a un nivel macro. Aunque hay la capacidad de lograr un mecanismo similar al censo que pueda proveer una ventana de un periodo menor de tiempo, el mismo no existe por razones politicas y economicas.
Pretender que el dato sea convertido en un instrumento de gobernabilidad requiere usar la optica orweliana para observar la peligrosidad de descargar esa resposabilidad en el gobierno (como la actual "crisis" del virus de la influenza [y no planeo hablar mas de ese tema: me tiene ad-nauseam ya que fue usada como una cortina de humo]). Hay que tener algo claro, expresado en un pensamiento muy conocido que aparece en los "bumper sticker" de algunos automoviles que dice "No Robe - El Gobierno odia la competencia"; la triste realidad es que en una batalla de informacion, los numeros son quien deciden, sobre todo los de votantes y toda accion debe garantizar los mismos, pero al final solo un numero es el que importa y es el 1.
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