lunes, 14 de febrero de 2011

"¡Vete! ¡Mubarak, vete!"

"¡Vete! ¡Mubarak, vete!", fue el grito que exclamaron los manifestantes en la plaza de la Liberación en el Cairo a todo pulmón y cuyo eco recorrió el resto del mundo. La plaza de Tahrir fue el epicentro de una revolución pacífica, aparentemente a favor de reformas democráticas, que el gobierno de Hosni Mubarak había resistido, hasta la semana pasada, a capa y espada con más pena que gloria.

Antes de la renuncia de Mubarak, el vicepresidente Omar Suleimán se había reunido con una delegación de opositores entre los que estaban representantes de los Hermanos Musulmanes (grupo proscrito por el gobierno y la excusa favorita de la dictadura para mantener su negativa ante los reclamos democráticos). En aquél momento se ofreció ampliar la libertad de prensa, liberar a los presos de conciencia y establecer una comisión consultiva para trabajar con la reforma de la Constitución. En este último punto no había garantía alguna de que los acuerdos y las conclusiones alcanzadas en las discusiones bilaterales fueran aceptados por el gobierno egipcio. Los opositores al gobierno no quedaron satisfechos con esos avances y continuaron insistiendo en la renuncia de Mubarak de su puesto como presidente pero sus defensores dejaron claro que él agotaría su mandato y solo dejaría el cargo en septiembre, cuando se elegiría un nuevo presidente.

La mentalidad faraónica de Mubarak no supo cómo lidiar con las protestas montadas en las ideas de libertad, justicia y dignidad del Siglo de las Luces y comunicada a través de la Internet y las redes sociales del siglo XXI. También, esa mentalidad, le movió a lanzar grupos de partidarios con mentalidad de matones para silenciar la voz y las imágenes de las protestas ante el mundo.

El grito de los manifestantes: "¡vete! ¡Mubarak, vete!", logró su cometido con la renuncia del presidente egipcio la semana pasada, pero ésta viene acompañada por la incertidumbre sobre el derrotero que tomará ese milenario país ante la disyuntiva accidente u oriente.

La inmolación del joven Mohamed Boazizi, el 17 de diciembre 2010 en Túnez, prendió en el resto de países de la región un movimiento de cambio que no quiere extinguirse. La diplomacia americana apuesta a una estrategia de democratización del mundo árabe y su primera prueba es Egipto, pero no tiene unos delineamientos claros sobre las tácticas para lograrla y, por su parte, los europeos parecen más espectadores que actores en esta coyuntura. El gobierno de Israel observa con suspicacia los eventos que le podría traer un vecino menos amigable en la región.

En Irán (donde todo comenzó hace un año) y en Argelia se oyen en las calles los reclamos por medidas democráticas.

¿Estará en embrión un modelo democrático propio del mundo musulmán?


Anuncio de renuncia Hosni Mubarak:


Análisis de la renuncia CNN en español:


Protestas en Irán(14 febrero 2011):

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